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Historia del Azafrán

El origen del azafrán se remonta, según ciertas referencias, al III milenio a.C. en Persia, a partir del cual comienza a encontrarse con facilidad para usos gastronómicos, medicinales, e incluso ritos y ceremonias religiosas.

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En el Antiguo Egipto era conocido como Karkom, un producto muy utilizado que aparece en los Cantos de Salomón. También es posible que formara parte de embalsamamientos, utilizado como colorante en mortajas de momias.

Alrededor de los años 1700-1600 a.C. en un fresco del palacio de Minos en Knossos (Creta) se puede identificar un dibujo de azafrán, así como en la isla de Thera donde una joven lo cosecha mediante una ceremonia particular en la que pica los estigmas de la planta para obtenerlo (en Minos se picaba la flor completa).

En Grecia este término daría lugar a Krokos y en la civilización romana a Crocum. La literatura de estas dos culturas hace referencia frecuentemente al color y olor del azafrán, acercándolo a las refinadas costumbres de la alta sociedad en la antigüedad clásica. Era muy utilizado como perfume erótico, tinte de vestidos para fiestas, decoración de los suelos en estancias que albergaban un festín o simplemente como relleno de cojines en estas estancias, evidenciando el poder adquisitivo de la familia que organizaba el evento (una anécdota del periodo de Roma Imperial afirma que las calles de la capital italiana fueron rociadas con azafrán al entrar en ella el emperador Nerón).

La importancia comercial de este producto con el transcurrir de los años y su alto valor económico lo ha convertido en una de las especias más importantes del mercado. Ya durante la Antigüedad era transportado a través de la Ruta de las Especias que unía Europa y Asia (Varios autores clásicos como Plinio o Virgilio reconocen una mayor calidad en el azafrán que era exportado desde Asia Menor y la antigua China). Durante la Edad Media, el puerto de Venecia se convirtió en el principal receptor y distribuidor de azafrán en el Viejo Continente (sobre todo a compradores alemanes e ingleses). En el siglo XIV su consumo se vio aumentado al utilizarse para sobrellevar los efectos que la peste negra causó en una gran parte del continente.

La literatura mundial refleja en obras tan significativas como La Biblia o La Ilíada la utilización de esta planta en gastronomía, rituales y otros eventos relacionados con las costumbres de la alta sociedad.